¿Un abrazo antes de comer? Científicos descubren que chimpancés y bonobos lo hacen para evitar conflictos

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¿Un abrazo antes de comer? Científicos descubren que chimpancés y bonobos lo hacen para evitar conflictos

Un estudio realizado en UK descubrió que chimpancés y bonobos se abrazan y se besan antes de compartir comida para evitar conflictos.

Un abrazo, una caricia o incluso un beso pueden hacer más que demostrar afecto. También ayudan a reducir la tensión antes de compartir comida.

Esto lo demostró un estudio liderado por la Universidad de Durham, el cual reveló que chimpancés y bonobos recurren al contacto físico justo antes de situaciones que podrían generar competencia, como el reparto de alimentos.

Después de estas muestras de cercanía, los animales pasaban más tiempo comiendo juntos y mostraban menos señales de conflicto.

Qué descubrieron los investigadores

El equipo observó el comportamiento de chimpancés y bonobos en zoológicos de Reino Unido y Europa durante distintos momentos de alimentación.

Antes de recibir la comida, muchos individuos se abrazaban, se tocaban, se tomaban de las manos o intercambiaban besos. Lejos de ser un gesto casual, estas conductas tenían un efecto claro: los animales permanecían más tiempo alimentándose unos junto a otros y disminuían las conductas agresivas durante el reparto.

Según los autores, este tipo de contacto físico parece funcionar como una forma de reducir la incertidumbre y fortalecer los vínculos sociales antes de una situación potencialmente competitiva.

Un comportamiento que podría tener millones de años

Los científicos creen que este comportamiento no surgió por casualidad. De hecho, plantean que podría remontarse al ancestro común que los humanos compartimos con chimpancés y bonobos hace más de seis millones de años.

Esto sugiere que el contacto físico para generar confianza y disminuir tensiones podría ser una estrategia evolutiva muy antigua, presente mucho antes de la aparición de nuestra especie.

El contacto físico también fortalece los lazos

Los resultados coinciden con décadas de investigaciones sobre primates, que muestran que el contacto físico cumple funciones mucho más amplias que el simple afecto.

En estas especies, abrazar, acicalar o tocar a otro individuo ayuda a reforzar alianzas, resolver conflictos y mantener la cohesión del grupo. Estudios previos también han demostrado que estas interacciones favorecen la liberación de oxitocina, conocida como la “hormona del vínculo”, que está relacionada con la confianza y la cooperación tanto en primates como en humanos.

¿Qué nos dice esto sobre las personas?

Aunque los investigadores aclaran que no se pueden trasladar directamente estos resultados al comportamiento humano, el hallazgo ofrece una pista interesante sobre el origen de nuestras relaciones sociales.

Gestos tan simples como un abrazo, un apretón de manos o una palmada en la espalda podrían tener raíces evolutivas mucho más profundas de lo que imaginamos. Más que simples muestras de cariño, podrían formar parte de una estrategia ancestral para reducir tensiones, fomentar la cooperación y facilitar la convivencia.

Un pequeño gesto con un gran efecto

El estudio aporta una nueva pieza para entender cómo evolucionó la vida social de los primates y, en última instancia, de los seres humanos.

Después de millones de años de evolución, parece que un abrazo sigue cumpliendo una función muy parecida: acercar a los demás antes de compartir algo importante.

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