Ámsterdam combate la contaminación con una cortina de burbujas que atrapa el plástico de sus canales

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Ámsterdam combate la contaminación con una cortina de burbujas que atrapa el plástico de sus canales

Ámsterdam utiliza una cortina de burbujas para atrapar residuos plásticos en sus canales antes de que lleguen al mar. Conoce cómo funciona.

Parece magia, pero es tecnología. En Ámsterdam, una cortina de burbujas bajo el agua está ayudando a detener botellas, bolsas, envolturas y otros residuos plásticos antes de que lleguen al mar.

Se llama The Great Bubble Barrier y es un invento neerlandés que utiliza algo tan sencillo como el aire para combatir uno de los mayores problemas ambientales del planeta: la contaminación por plásticos.

Lo mejor es que funciona sin bloquear el paso de embarcaciones y permite que los peces continúen desplazándose por los canales.

¿Cómo funciona una cortina de burbujas?

El sistema es tan ingenioso como sencillo. En el fondo del canal se instala un tubo perforado que libera miles de burbujas de aire de manera continua.

Al subir a la superficie, las burbujas forman una barrera invisible bajo el agua que empuja los residuos hacia arriba. Después, aprovechando la corriente, los dirige hacia un costado del canal, donde son recogidos.

Así, en lugar de esperar a que el plástico llegue al océano para intentar recuperarlo, la contaminación se detiene mucho antes.

Además, el sistema puede funcionar las 24 horas del día, los siete días de la semana.

La idea nació de tres mujeres que querían limpiar los ríos

Detrás de The Great Bubble Barrier están Francis Zoet, Anne Marieke Eveleens y Saskia Studer, tres emprendedoras neerlandesas que buscaban una manera de evitar que los residuos de los ríos terminaran en los océanos.

Su propuesta comenzó como una idea poco convencional: utilizar burbujas de aire para atrapar plástico sin construir una barrera física.

Después de varias pruebas y colaboraciones con especialistas, lograron convertirla en una tecnología que hoy puede instalarse en canales y ríos.

En 2019, Ámsterdam puso en funcionamiento una de las primeras instalaciones permanentes de esta tecnología en el canal Westerdok, demostrando que una solución relativamente sencilla podía tener un impacto real.

¿Cuánto plástico puede detener?

De acuerdo con sus desarrolladores, la tecnología puede interceptar hasta el 86% de los residuos plásticos que pasan por una zona de prueba, incluidos fragmentos pequeños que no siempre son visibles desde la superficie.

La cifra no significa que elimine el 86% de todo el plástico de Ámsterdam, sino que refleja el potencial del sistema bajo determinadas condiciones.

Los residuos atrapados se recogen para su clasificación y análisis, lo que también ayuda a conocer qué tipo de basura llega a los canales y de dónde podría provenir.

Y aunque no sustituye la necesidad de reducir el consumo de plásticos, sí ofrece una herramienta para evitar que los desechos sigan viajando por el agua.

Una tecnología que también protege la vida acuática

Una de sus principales ventajas es que no necesita redes ni muros que atraviesen el canal. Esto permite que las embarcaciones circulen normalmente y que los animales acuáticos puedan pasar por la zona.

El sistema tampoco depende de productos químicos: funciona mediante aire comprimido y la fuerza de la corriente.

Por eso, además de recoger basura, busca hacerlo con la menor interferencia posible en la actividad cotidiana de la ciudad.

De Ámsterdam a otros ríos del mundo

El proyecto ya no se limita a la capital neerlandesa. La tecnología se ha extendido a otros puntos de los Países Bajos y a instalaciones piloto internacionales, donde se estudia su funcionamiento en diferentes condiciones.

Sus creadores quieren que las cortinas de burbujas se conviertan en una herramienta más para proteger los ecosistemas acuáticos, especialmente en ciudades donde los ríos y canales arrastran residuos hacia el mar.

Y es que, aunque limpiar los océanos es importante, evitar que el plástico llegue hasta ellos puede ser todavía más efectivo.

La lección de Ámsterdam es clara: a veces, para enfrentar un problema enorme, no hace falta levantar una gran barrera. Basta con una cortina de pequeñas burbujas y una buena idea.

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