Los cubrebocas con causa del artista mexicano Carlos Amorales

Los cubrebocas con causa del artista mexicano Carlos Amorales

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El artista mexicano Carlos Amorales diseñó un cubrebocas para recaudar fondos y producir más de estos accesorios para los trabajadores informales del país.

Es uno de los artistas contemporáneos más importantes del país, al que ha representado en la Bienal de Venecia. Su trabajo gira en torno al lenguaje y a las máscaras a nivel literal y figurado. Pero uno de los elementos más reconocibles y presentes en su cuerpo de obra, son las mariposas. Así que el artista mexicano Carlos Amorales las retoma de nuevo, esta vez para diseñar un cubrebocas. Se trata de un accesorio que no es de grado médico, pero que funciona bien en los protocolos impuestos por la nueva normalidad.

Los vende por medio de su cuenta de Instagram en un precio casi simbólico: 250 pesos por un paquete de tres. Solo existe un modelo, que es de tela blanca y lleva la impresión de una mariposa negra como las que hace, con papel, para invadir espacios con instalaciones como Nube Negra. La figura parece adquirir movimiento con la respiración del portador. Se trata, sí, de un cubrebocas, y también de una pequeña obra de arte en la que los usuarios parecieran ser parte de una instalación.

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Qué hay detrás del cubrebocas diseñado por artista mexicano Carlos Amorales

Museos y galerías también han fabricado sus propios cubrebocas para recaudar fondos para sus empleados o incluso para que los espacios puedan sobrevivir. Pero el cubrebocas hecho por el artista mexicano Carlos Amorales tiene otra causa que, quizá, se percibe más cercana porque ayuda a gente con la que convivimos todos los días: los vendedores informales del país.

Debido a la crisis económica y a la falta de apoyos que suele tener este sector en México, Amorales vende sus cubrebocas artísticos para poder financiar la compra y distribución de otros cubrebocas (que se distinguen por su color rojo) que dona a los trabajadores de los tianguis, puestos de comida, los organilleros y muchos más que forman parte de nuestra manera de entender nuestra ciudad y de consumir en ella. Ya que por la naturaleza de sus trabajos no pueden guardar la cuarentena, al menos deben estar protegidos. Y este proyecto les ayuda a cuidarse y, al resto de las personas, a empatizar con ellos.

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