Soñadores lúcidos: la ciencia prueba que podemos comunicarnos con otros mientras dormimos

Soñadores lúcidos: la ciencia prueba que podemos comunicarnos con otros mientras dormimos

Investigadores de varios países del mundo consiguieron respuestas de operaciones matemáticas simples de los durmientes con sueños lúcidos en la etapa REM.

Igual que en una película de ciencia ficción, científicos del mundo liderados por la Universidad de Northwestern han conseguido comunicarse con soñadores lúcidos mientras dormían. Ha sido posible con soñadores, que son aquellos que son conscientes mientras ocurre el episodio onírico.

Participaron 36 personas de diversos centros y universidades en el mundo, aunque quien lideró la investigación fue Ken Paller, psicólogo y director del programa de Neurociencia Cognitiva en la Universidad de Northwestern

Esquema publicado en Current Biology

“Diálogo en tiempo real entre experimentadores y soñadores durante el sueño REM” se publicó el 18 de febrero en Current Biology. Los participantes del estudio recibieron información sobre la comunicación bidireccional antes de dormir. Algunos de los soñadores lúcidos practicaron con estimulación sensorial, como pitidos o luces. A los participantes se les pidió que avisaran a los investigadores cuando experimentaran un sueño lúcido, generalmente con una secuencia de grandes movimientos oculares hacia la izquierda y hacia la derecha.

La conclusión fue que es posible tener comunicación con personas que están dormidos en la fase REM. Más aún, estas personas fueron capaces de responder a preguntas y realizar operaciones mentales que involucran la memoria, como aritmética simple. En otras palabras, los investigadores fueron capaces de crear un diálogo con soñadores.

Comunicación en tiempo real

«Descubrimos que las personas en sueño REM pueden interactuar con un experimentador y participar en la comunicación en tiempo real», dijo el autor principal Ken Paller. “También demostramos que los soñadores son capaces de comprender preguntas, participar en operaciones de memoria de trabajo y producir respuestas».

«La mayoría de la gente podría predecir que esto no sería posible, que las personas se despertarían cuando se les hiciera una pregunta o no responderían, y ciertamente no comprenderían una pregunta sin interpretarla mal».

¿Cómo lo hicieron?

Para comunicarse con los soñadores lúcidos, los científicos esperaban a que aquéllos llegaran a las fases más profundas del sueño (REM), punto identificado a través del monitoreo de instrumentos de encefalografía conectados a los voluntarios. Una vez en dicha fase, interactuaban con los soñadores hablándoles a través de micrófonos, con luces parpadeantes o tocándolos.

Estas interacciones estaban acompañadas de preguntas sencillas como operaciones matemáticas simples, el conteo de las luces que habían parpadeado o los contactos que habían sentido o cuestiones que podían responderse con «Sí» o «No» tales como: «¿Sabe usted hablar español?».

Es más, los soñadores respondieron con la contracción de músculos faciales, bajo un código previamente establecido y sin despertar. Pero no todos los sujetos lograron establecer comunicación, de hecho fueron solo pocos. Uno de ellos era un individuo con narcolepsia habituado a los sueños lúcidos y otros individuos expertos en la oneironáutica (capacidad de viajar dentro de un sueño de forma consciente).

Hablar con un astronauta

Con estos resultados se abre un mar de posibles investigaciones con esta técnica. En un futuro se piensa investigar las capacidades cognitivas de las personas que sueñan en oposición a sus estados despiertos. E igualmente posibles aplicaciones terapéuticas, como ayudar a personas que tienen pesadillas recurrentes. También permitirá aprender más sobre los sueños, la memoria y cómo el almacenamiento de la memoria depende del sueño.

Ken Paller.

«Nuestro objetivo experimental es similar a encontrar una forma de hablar con un astronauta que está en otro mundo, pero en este caso, el mundo está completamente fabricado sobre la base de los recuerdos almacenados en el cerebro», escriben los investigadores.

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