¿Por qué nos gustan tanto los finales felices? La ciencia tiene una explicación

¿Por qué nos gustan tanto los finales felices? La ciencia tiene una explicación

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Y no. No tiene que ver que te gusten las bodas o los besos románticos al final de una película. Los finales felices se relacionan con tu cerebro más de lo que te imaginas.

Piensa que vas de vacaciones un fin de semana. Todo es perfecto a excepción del último día que llueve y el rumbo de tus planes cambia. De acuerdo con la teoría de los finales felices, sería altamente probable que esa sola experiencia cambiara la percepción sobre tus vacaciones.

Esto fue lo que encontraron neurocientíficos de la Universidad de Cambridge, en un estudio publicado en 2020 en The Journal of Neuroscience. A nivel psicológico, tiene más peso un final feliz para considerar una experiencia como enteramente positiva. En cambio, un final no deseable tiende a opacar el resto de la experiencia.

Para quienes les gustan los finales felices

Nuestro cerebro prefiere siempre los finales felices

Para descubrirlo, los investigadores Martin Vestergaard y Wolfram Schultz crearon un juego virtual por medio de realidad aumentada. Consistió en que 27 participantes veían frente a ellos dos ollas sobre las cuales caían monedas, una tras otra. Pero no todas las monedas eran del mismo tamaño.

Al final de la simulación, se les preguntó cuánto dinero creían ellos que tenían las ollas. A los que dieran la respuesta adecuada, se les regalaría el equivalente pero en efectivo.

Quienes acertaron en el resultado registraron una mayor actividad neuronal en la amígdala, conformada por dos pequeñas almendras en los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro. Cuando esta zona está activa, es capaz de ver “el todo”. Esto significa que los participantes que ganaron pudieron apreciar mejor la experiencia completa del juego.

Por el contrario, quienes hicieron un mal cálculo mostraron poca o nula actividad en esta zona. La parte que más se activó en ellos fue la ínsula anterior —que está entre los lóbulos parietal y frontal—, encargada de “sancionar” a la mente. Los investigadores concluyeron entonces que en este grupo de personas, el no haber ganado provocó que “castigaran” su cerebro. Y que no le permitiera disfrutar del resto de la experiencia.

Lo sorprendente es que esto mismo sucede con cualquier cosa, incluidas las películas y los libros que lees. Sin importar qué alternativo o disruptivo seas, a tu cerebro siempre le van a gustar más los finales felices.

Así es como funciona el “efecto final feliz”

El resultado al que llegaron los investigadores se conoce como “efecto final feliz”, o “happy ending effect”. Según los estudios al respecto, nuestro cerebro tiende a mostrarnos como más gratificante todo aquello que nosotros elegimos, o bien, que creemos haber elegido. En contrapeso, no nos hace tan feliz todo aquello que se percibe como inesperado.

“Lo que más nos interesó en este trabajo fue la desconexión entre lo que la gente disfruta y lo que quiere. Aunque las personas pueden disfrutar de unas vacaciones soleadas en la playa, si no las recuerdan con cariño, no volverán a optar por esas experiencias a futuro”. dice Vestergaard.

Este fenómeno había sido estudiado por científicos anteriormente. En otro análisis, Daniel Kahneman, Premio Nobel de Ciencias Económicas por su trabajo sobre el juicio y la toma de decisiones, hizo que algunos de sus pacientes de colonoscopia clasificaran su dolor a lo largo del procedimiento y, una vez que terminó, les pidió que calificaran qué tan dolorosa había sido su experiencia.

Kahneman descubrió que la intensidad máxima del dolor y el dolor durante los últimos tres minutos del procedimiento fueron los que más influyeron en los recuerdos de los pacientes. Cuanto más dolorosos esos minutos finales, peor es el recuerdo.

¿Por qué necesitamos tanto los finales felices en pandemia?

La respuesta es sencilla si tomamos en cuenta lo anterior: en medio de una situación de incertidumbre, necesitamos finales felices y experiencias predecibles. Por eso podemos poner una película en la pantalla sabiendo que todo acabará de la forma en que esperamos (y no tiene por qué ser un final necesariamente feliz, pero sí un final adecuado para el tipo de trama que estamos viendo).

La pandemia ha provocado que nuestro cerebro esté ávido de endorfinas, de experiencias que nos hagan pasar un momento agradable en medio de estos tiempos tan turbulentos. En España, por ejemplo, se estima que una cuarta parte de las personas enfrentan problemas mentales como depresión, ansiedad y temor, vinculados directamente con la pandemia por Covid-19.

En este contexto, ¿qué tiene de malo consentirnos con series y películas con finales felices y predecibles? Si tu mente necesita endorfinas, nunca fue tan importante como ahora dárselas a manos llenas.

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