El sarampión se previene. Si hay brote en México, estas acciones ayudan a proteger a los grupos más vulnerables.
El sarampión es muy contagioso, pero también es altamente prevenible. Con la transmisión activa reportada en México y una respuesta sanitaria enfocada en reforzar la vacunación, lo más útil es volver a lo básico: cerrar esquemas y proteger a quienes se complican más.
Quiénes necesitan más protección
Hay tres grupos que conviene cuidar con especial atención:
- Bebés y niños pequeños, porque aún están completando su esquema y pueden presentar complicaciones con más facilidad.
- Embarazadas sin evidencia de inmunidad, porque la vacuna SRP/MMR es de virus vivos y no se aplica durante el embarazo; aquí la protección depende mucho del entorno.
- Personas inmunocomprometidas, porque pueden no estar protegidas aunque tengan vacunas previas, y requieren estrategias especiales si hay exposición.
La prevención más efectiva: vacuna al día
La herramienta principal es la vacunación. La OMS y la OPS han insistido en reforzar coberturas y cerrar brechas para cortar transmisión.
Qué hacer hoy, en casa:
- Revisa cartillas de todos. Si no hay registro claro de dosis, consulta en tu centro de salud para que te indiquen qué corresponde.
- Prioriza a niñas y niños: en el contexto del brote, México ha ampliado acciones de vacunación para menores (incluyendo edades desde 6 meses en campañas específicas) y también para adultos en ciertos rangos donde faltan esquemas.
- Crea “escudo” alrededor del bebé: si hay un bebé en casa, asegúrate de que cuidadores y familia cercana sí tengan esquema completo.
Señales tempranas para actuar rápido
Identificarlo temprano ayuda a cuidar al resto. El sarampión suele iniciar con fiebre, malestar, tos, escurrimiento nasal y ojos rojos; después aparecen los brotes. Si alguien presenta fiebre y luego sarpullido, lo más responsable es:
- Quedarse en casa y evitar visitas.
- Llamar antes de acudir a un servicio de salud para recibir indicaciones y no exponer a más personas.
En casa y escuela: pequeños hábitos que ayudan
Además de vacunas, ayudan medidas sencillas:
- Ventila espacios cerrados.
- Evita reuniones si alguien está enfermo.
- En escuelas/guarderías, mantén el hábito de no enviar a menores con fiebre y sarpullido, y avisar para que se activen medidas de control.
Cuidar el entorno la mejor manera de prevenir
Más que preocuparse, este es un buen momento para hacer tres cosas que sí están en tus manos: revisar cartillas, completar vacunas y actuar temprano si aparecen síntomas. El sarampión es muy contagioso, pero la protección existe y funciona cuando la comunidad se organiza.
Si en tu casa hay un bebé, una embarazada o alguien con defensas bajas, piensa en prevención como “cuidar el entorno”: que quienes conviven estén al día, que se eviten visitas si alguien se siente mal y que se consulte rápido ante fiebre y sarpullido.
Con esas decisiones simples reduces riesgos, evitas cadenas de contagio y ayudas a que el brote se controle más rápido. Al final, la prevención no se siente como algo enorme: se ve en lo cotidiano, en una cartilla actualizada y en una familia que se cuida a tiempo.
También podría interesarte: ¿En cuánto tiempo hace efecto la vacuna contra el sarampión?






