Los robots mascotas ya no son cosa de ciencia ficción. Según expertos, estos ayudan a reducir el estrés, la ansiedad y la soledad.
Tener una mascota puede ser una bendición: compañía, cariño, movimiento, sentido de propósito. Pero no siempre es posible —por alergias, por espacio, por estilo de vida o por cuidados que implica—. Para muchos, una mascota tradicional resulta impráctica.
Aquí es donde entran las mascotas robóticas: dispositivos equipados con sensores, IA y respuestas programadas (sonidos, movimientos, respuesta al tacto). Aunque no sustituyen a un perro o gato real, ofrecen compañía, consuelo y una interacción lo suficientemente “viva” como para impactar positivamente el estado de ánimo.
Un ejemplo famoso es Paro —usado en hospitales y hogares de adultos mayores—, que reaccionaba al tacto y al sonido, generando confort emocional en personas que enfrentan soledad o demencia.
¿Qué dicen los estudios sobre los robots mascotas?
Aunque es un campo en desarrollo, la evidencia inicial es prometedora:
- Un análisis reciente concluye que las intervenciones con mascotas reales o robóticas consiguen disminuir síntomas de depresión y soledad en pacientes vulnerables.
- Quienes interactúan con mascotas robóticas reportan reducción del estrés y aumento de bienestar, similar a lo que ocurre con animales vivos: bajan los niveles de cortisol (la “hormona del estrés”) y sube la oxitocina, asociada al afecto y la calma.
- Especialistas resaltan que estos robots no exigen alimentación, espacio, paseos o gastos veterinarios —lo que los vuelve ideales para hogares con restricciones o personas mayores que ya no pueden cuidar animales reales.
- Además, en contextos terapéuticos, las “pet-robots” ayudan a fomentar la socialización, la expresión emocional y la estabilidad emocional en quienes las usan como compañía constante.
¿Para quiénes pueden ser útiles los robots mascotas?
- Personas mayores que viven solas o en asilos, con riesgo de aislamiento o pérdida de compañía. El uso de robots tipo Paro ha mostrado mejoras en ánimo y reducción de ansiedad en este contexto.
- Quienes no pueden cuidar animales reales por alergias, falta de espacio o restricciones de vivienda. Un robot no exige alimentación, limpieza ni paseos.
- Personas con estrés, ansiedad o depresión leve, que buscan compañía no juzgadora con la que puedan interactuar sin presión.
- Hogares urbanos o individuos muy ocupados, que valoran la flexibilidad, higiene y bajo mantenimiento de un compañero artificial.
Lo bueno… y lo que aún falta
Las mascotas robóticas tienen muchas ventajas, pero también hay matices importantes:
- Proporcionan compañía, estímulo emocional y alivio del estrés, sin las demandas de una mascota viva.
- Funcionan como puente social: algunas personas reaccionan con curiosidad, comparten la experiencia con amigos o familiares, lo que fomenta conexión y rompe aislamiento.
- No reemplazan del todo a un ser vivo: la bioquímica del vínculo —como las feromonas, presencia física real, el ejercicio compartido— sigue siendo diferente. Por eso suelen considerarse una opción complementaria, especialmente útil cuando una mascota real no es viable.
- Resultan útiles también en entornos especiales: hospitales, casas de cuidado, personas con movilidad reducida, déficit de cuidado o aislamiento social.
En resumen: Las mascotas robóticas llegan como una alternativa real para quienes necesitan compañía, consuelo o estabilidad emocional pero no pueden cuidar un animal vivo. Son una muestra de cómo la tecnología puede servir para alimentar algo tan humano como la necesidad de vínculo.
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