La reciente multa de 20 millones de dólares a Carnival Corp. podría afirmarlo

Una travesía idílica por los océanos, plagada de comodidades y lujos, fue la mejor idea de vacaciones por muchas décadas. Hoy, la reciente crisis ambiental ha hecho virar nuestra atención -y la de distintas autoridades- hacia las acciones de grandes corporaciones del turismo que, en muchos casos, continúan sin reducir la emisión de contaminantes durante sus operaciones. 

Quizás la negativa de estas grandes corporaciones responda al hecho de que la industria de los cruceros transporta a cerca de 26 millones de pasajeros por año e ingresa ganancias por alrededor de 117 mil millones de dólares. Bien por la economía pero en términos de impacto ambiental, se estima que la huella de carbono de una persona se triplica a bordo de un crucero, por otro lado, las embarcaciones han sido descubiertas, en numerosas ocasiones, emitiendo grandes fumarolas y desechando combustible, basura y desperdicio de sus cañerías directamente en los océanos.

En junio pasado, el mayor operador de cruceros del mundo, Carnival Corporation, acordó pagar una multa de 20 millones de dólares pues sus embarcaciones continuaron contaminando los mares a pesar de una condena penal previa que obligaba a la empresa a frenar dichas conductas. 

Carnival se declaró culpable a través de varios de sus ejecutivos, incluyendo a su presidente y el también dueño del equipo Miami Heat, Micky Arison. Carnival admitió haber violado la condena impuesta en 2016 por descargar desechos aceitosos de sus barcos Princess Cruise Lines y encubrirlo. En ese entonces la corporación tuvo que pagar una multa de 40 millones de dólares y fue puesta en libertad condicional por cinco años. 

El año pasado, el organismo de control alemán Nabu inspeccionó 77 cruceros y descubrió que 76 de ellos utilizaban combustible pesado tóxico, descrito por el propio organismo como “el más sucio de todos los combustibles”. Nabu reveló, después de la recopilación de numerosos datos, que pararse en la cubierta de un crucero es similar a respirar el aire de una de las ciudades más contaminadas del mundo.”

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