Las abejas son el ser vivo más importante del planeta. Y la ciencia revela razones todavía más sorprendentes para protegerlas.
Son pequeñas, trabajan casi sin que las notemos y buena parte de lo que comemos está relacionado, directa o indirectamente, con su trabajo. Por eso, desde hace años circula una frase contundente: “las abejas fueron declaradas el ser vivo más importante del planeta”.
La historia se volvió viral y suele atribuirse al Earthwatch Institute y a una reunión de la Royal Geographical Society. Sin embargo, no existe evidencia sólida de que alguna de estas instituciones haya realizado oficialmente esa declaración.
Eso no hace menos extraordinarias a las abejas.
La ciencia sí respalda algo mucho más importante: junto con otros polinizadores, desempeñan un papel fundamental en la producción de alimentos, la reproducción de las plantas y el funcionamiento de numerosos ecosistemas.
Estas son ocho razones para entender por qué protegerlas también significa proteger una parte de nuestra propia vida.
1. Ayudan a producir buena parte de nuestros alimentos
Cuando una abeja visita una flor en busca de néctar o polen, transporta polen de una flor a otra y facilita la reproducción de las plantas. Ese pequeño viaje tiene enormes consecuencias.
La FAO señala que cerca del 75% de los tipos de cultivos alimentarios del mundo dependen, al menos parcialmente, de los polinizadores.
Manzanas, fresas, cerezas, almendras, café y numerosos frutos, semillas y vegetales se benefician de este proceso.
Eso no significa que el 75% de toda nuestra comida desaparecería sin abejas —cereales básicos como trigo, arroz y maíz no dependen de ellas de la misma manera—, pero nuestra alimentación sería considerablemente menos diversa.
2. Las abejas están entre nuestras grandes polinizadoras
Las abejas no trabajan solas. Mariposas, polillas, escarabajos, moscas, aves e incluso murciélagos también transportan polen. Sin embargo, las abejas destacan por su enorme importancia como grupo de polinizadores.
La FAO calcula que existen alrededor de 25 mil especies de abejas en el mundo, distribuidas en todos los continentes excepto la Antártida.
Y aquí hay otro dato interesante: no todas viven en colmenas ni producen miel.
Muchas especies son solitarias y aun así realizan un trabajo extraordinario transportando polen entre plantas.
3. También ayudan a mantener los ecosistemas silvestres
Su importancia va mucho más allá de los cultivos. Cerca del 90% de las plantas silvestres con flores dependen, al menos parcialmente, de la polinización animal, de acuerdo con estimaciones internacionales.
Cuando esas plantas producen frutos y semillas, proporcionan alimento y refugio para otros animales.
Por eso la polinización desencadena algo parecido a un efecto dominó: ayuda a una planta a reproducirse y esa planta, a su vez, puede sostener insectos, aves y mamíferos.
4. Sin polinizadores nuestra dieta sería más pobre
La cuestión no es solamente cuánto alimento producimos, sino qué alimentos tendríamos disponibles.
Muchos cultivos que dependen de la polinización proporcionan vitaminas, minerales, grasas saludables y otros nutrientes importantes.
Frutas, verduras, semillas y frutos secos forman parte de este grupo.
La FAO advierte que la disminución de los polinizadores podría afectar la disponibilidad y el costo de alimentos ricos en micronutrientes.
Así que protegerlos también tiene una relación directa con la calidad y diversidad de nuestra alimentación.
5. Su trabajo tiene un enorme valor económico
Algo que las abejas realizan mientras buscan alimento sostiene también una industria agrícola gigantesca.
La evaluación global de IPBES calculó que entre 235 mil y 577 mil millones de dólares de producción agrícola anual dependen directamente de los polinizadores.
Y existen cultivos donde su importancia resulta especialmente evidente.
En Estados Unidos, por ejemplo, productores agrícolas pagan cientos de millones de dólares cada año por servicios de polinización.
En 2024, solamente la polinización comercial de almendros generó alrededor de 325.8 millones de dólares en ingresos para apicultores, según el Departamento de Agricultura estadounidense.
6. Ayudan a que las plantas produzcan nuevas generaciones
La polinización permite que muchas plantas produzcan frutos y semillas. Esas semillas no solamente terminan en nuestra mesa.
También permiten que las plantas se reproduzcan y que las nuevas generaciones continúen formando parte de bosques, praderas, campos y otros ecosistemas.
Por eso, cuando hablamos de abejas no estamos hablando únicamente de miel o agricultura. Estamos hablando de uno de los procesos que ayudan a renovar continuamente la vegetación del planeta.
7. Pueden darnos pistas sobre la salud del ambiente
Las abejas están estrechamente conectadas con el paisaje que las rodea. Necesitan flores, agua, refugio y condiciones ambientales adecuadas para sobrevivir. Por eso, cambios en sus poblaciones pueden proporcionar información sobre transformaciones en los ecosistemas.
La FAO incluso señala que pueden funcionar como bioindicadores, ayudando a detectar alteraciones ambientales relacionadas con contaminación y otros factores.
Su desaparición de determinados lugares, por lo tanto, puede ser una señal que merece atención.
8. Y ahora necesitan nuestra ayuda
Aquí aparece la paradoja. Dependemos enormemente de los polinizadores, pero muchas de sus poblaciones enfrentan presiones crecientes.
La pérdida y fragmentación de hábitats, el cambio climático, determinadas prácticas agrícolas, el uso inadecuado de agroquímicos, la contaminación, enfermedades y especies invasoras están entre las amenazas señaladas por organismos internacionales.
Por eso, conservar flores y plantas nativas, crear espacios donde puedan alimentarse y refugiarse y reducir prácticas que las perjudican puede hacer una diferencia.
Incluso un pequeño jardín puede convertirse en una parada útil para los polinizadores si contiene diversas plantas nativas que florezcan en diferentes momentos del año.
Entonces, ¿son el ser vivo más importante del planeta?
La ciencia no hace un ranking oficial de especies para decidir cuál merece el primer lugar. Además, ningún ecosistema depende de una sola especie.
Plantas, hongos, microorganismos, insectos y animales forman redes complejas en las que cada organismo cumple funciones diferentes.
Pero las abejas nos ofrecen un ejemplo extraordinario de cuánto puede depender el planeta de criaturas que muchas veces pasan inadvertidas.
No necesitan el título de “ser vivo más importante del mundo” para impresionarnos. Basta observar todo lo que ocurre después de que una abeja se posa sobre una flor.
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