George acompañó a Ryan Gosling durante casi 17 años y estuvo presente en prácticamente toda su carrera. ¡Conócelo!
Antes de las nominaciones al Oscar, las alfombras rojas y películas como La La Land, The Notebook o Blade Runner 2049, Ryan Gosling ya tenía un compañero que terminaría acompañándolo durante prácticamente toda su carrera: George.
El perro mestizo estuvo a su lado durante cerca de 17 años y viajó con él a los sets de casi todas sus películas. Pero quizá la mejor manera de entender su relación sea recordar cómo hablaba Gosling de él: decía que llamarlo simplemente “perro” nunca terminaba de parecerle suficiente.
Cuando George murió, en diciembre de 2016, a los 17 años, el actor encontró una discreta manera de seguir llevándolo consigo.
Una placa que terminó convirtiéndose en homenaje
Durante la promoción de Blade Runner 2049, hubo un pequeño detalle que comenzó a llamar la atención en las apariciones públicas de Gosling: Llevaba alrededor del cuello una placa dorada.
No era un accesorio elegido por un estilista. Era la placa de identificación de George.
El actor apareció con ella en diferentes eventos y entrevistas. Y cuando presentó el estreno de la temporada 43 de Saturday Night Live, llevó el homenaje un poco más lejos: al despedir el programa apareció con una camiseta estampada con la imagen de su compañero. Pocos días después explicó la historia en The Ellen DeGeneres Show.

George estuvo en casi toda su carrera
George no era precisamente una mascota que se quedara esperando en casa mientras Gosling filmaba.
El actor contó que lo acompañó a los sets de prácticamente todas las películas que realizó durante los años que estuvieron juntos.
Eso significa que mientras la carrera de Gosling crecía, George estaba ahí.
Incluso tuvo sus propios momentos frente a las cámaras. En 2011 apareció junto al actor en Late Night with Jimmy Fallon luciendo un peculiar mohawk.
Gosling bromeó entonces diciendo que había llevado a George porque era más interesante que él.
Un perro que no estaba muy convencido de ser perro
Las historias que Gosling contó después de su muerte revelaron una personalidad bastante particular. George no hacía trucos.
Si querían que se sentara, recordó el actor, prácticamente tenían que convencerlo de que hacerlo era conveniente para él.
En otra ocasión estaban en la terraza de un restaurante y George permanecía en el suelo. Cuando una de las personas se levantó de la mesa para ir al baño, aprovechó la oportunidad: subió a la silla vacía y se quedó sentado con los demás como si siempre hubiera pertenecido ahí.
Para Gosling, ese comportamiento tenía una explicación muy sencilla: George parecía considerar que ser tratado como un perro estaba por debajo de él.
Y envejeció como toda una estrella de rock
George también cambió con los años y Gosling encontró una manera muy suya de describirlo.
Decía que al hacerse viejo comenzó a parecerse a una estrella de rock envejecida: tenía mucho pelo, había perdido los dientes y su cuerpo ya no era el mismo. Pero, según Gosling, seguía teniendo todo el encanto.
Detrás de la broma había una realidad que conocen muchas personas que han vivido durante años con un animal: llega un momento en el que su cuerpo envejece, pero para quienes lo quieren sigue siendo exactamente el mismo compañero.
Un compañero difícil de reemplazar
Cuando Ellen DeGeneres le preguntó si pensaba tener otro perro, Gosling no se apresuró a decir que sí. Y, hasta ahora, no se conoce públicamente que haya presentado a otro como su compañero después de George.
Es un detalle que adquiere otra dimensión al mirar hacia atrás. George estuvo con él durante cerca de 17 años: antes de convertirse en una estrella internacional, durante sus primeros grandes papeles y mientras su vida personal y profesional cambiaba por completo.
Por eso, quizá la pequeña placa que Gosling decidió llevar alrededor del cuello explica mejor su relación que cualquier homenaje elaborado. No era únicamente un recuerdo de George; era una forma de conservar cerca a quien había estado presente durante casi todo el camino.
Hay mascotas que llegan en una etapa de nuestra vida. Y hay otras, como George, que terminan convirtiéndose en parte de la historia con la que recordamos esa etapa.
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