El cáncer de ovario no siempre es prevenible, pero sí existen hábitos que ayudan a reducir el riesgo. ¡Conócelos!
El cáncer de ovario no siempre avisa de forma clara. Sus síntomas pueden confundirse con malestares comunes, como inflamación, dolor abdominal o cambios digestivos. Por eso, a propósito del Día Mundial contra el Cáncer de Ovario, que se conmemora cada 8 de mayo, vale la pena hablar de prevención sin miedo y sin alarmismo.
Aunque no existe una forma segura de evitarlo al 100%, sí hay hábitos, decisiones médicas y cambios en el estilo de vida que pueden ayudar a reducir el riesgo. La clave está en conocer tu cuerpo, revisar tus antecedentes familiares y no normalizar molestias persistentes.
No todo se puede prevenir, pero sí se puede reducir el riesgo
El cáncer de ovario puede estar relacionado con factores que no siempre se pueden cambiar, como la edad, los antecedentes familiares o mutaciones genéticas como BRCA1 y BRCA2. Por eso, los CDC recomiendan conocer el historial familiar de cáncer de ovario, mama u otros cánceres relacionados, y hablar con un médico sobre asesoría genética si hay antecedentes.
También hay factores que pueden proteger. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos señala que reducir factores de riesgo y aumentar factores protectores puede ayudar en la prevención del cáncer de ovario, de trompas de Falopio y peritoneal primario.
Cáncer de ovario y la alimentación
No hay una “dieta mágica” contra el cáncer de ovario, pero sí un patrón de alimentación que puede apoyar la salud general y ayudar a reducir el riesgo de distintos tipos de cáncer.
La American Cancer Society recomienda una dieta rica en verduras, frutas, legumbres y granos integrales, además de limitar carnes rojas, carnes procesadas, bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados. También señala que el exceso de peso, la inactividad física, una dieta poco saludable y el alcohol se relacionan con cerca de 1 de cada 5 casos de cáncer.
En la práctica, esto significa llenar más el plato con alimentos frescos: verduras de colores, frijoles, lentejas, avena, arroz integral, nueces, semillas y frutas. Además, conviene reducir embutidos, frituras frecuentes, refrescos y productos con mucho azúcar.
Moverte más también ayuda
El estilo de vida importa. Mantener un peso saludable y hacer actividad física regular puede ayudar a disminuir el riesgo de varios tipos de cáncer. La American Cancer Society recomienda mantener un peso saludable durante toda la vida, evitar el aumento de peso en la adultez y moverse con frecuencia.
No tiene que ser algo extremo. Caminar, bailar, nadar, subir escaleras, hacer fuerza con ligas o entrenar en casa también cuenta. Lo importante es reducir el sedentarismo y encontrar una actividad que sí puedas sostener.
Ojo con las señales persistentes
El cáncer de ovario puede causar síntomas vagos, pero no por eso deben ignorarse. La World Ovarian Cancer Coalition señala que algunas señales frecuentes incluyen inflamación abdominal persistente, dolor abdominal o pélvico, sensación de llenura rápida y cambios urinarios.
La diferencia está en la persistencia. Si estos síntomas aparecen con frecuencia, empeoran o duran varias semanas, lo mejor es acudir al ginecólogo. No se trata de vivir con miedo, sino de no dejar pasar señales que tu cuerpo repite.
Revisión médica y antecedentes familiares: dos claves
A diferencia del cáncer cervicouterino, el cáncer de ovario no tiene una prueba de tamizaje universal que funcione para todas las mujeres. Por eso, las revisiones ginecológicas y la comunicación clara con el médico son muy importantes.
Si en tu familia hay antecedentes de cáncer de ovario, mama, colon o páncreas, vale la pena mencionarlo en consulta. En algunos casos, el médico puede sugerir pruebas genéticas, vigilancia más cercana o medidas preventivas específicas.
Cuidarte también es prevención
Prevenir el cáncer de ovario no significa tener control absoluto sobre la enfermedad. Significa tomar decisiones que sí están en tus manos: comer mejor, moverte más, evitar el tabaco, moderar el alcohol, cuidar tu peso, conocer tus antecedentes y atender síntomas que no se van.
El mensaje de este 8 de mayo es recordarte que tu salud ginecológica también merece atención. Escuchar tu cuerpo, hacer preguntas y buscar atención médica a tiempo puede cambiar mucho el panorama.
Porque cuidarte no empieza cuando algo duele demasiado. También empieza cuando decides no normalizar lo que tu cuerpo lleva tiempo intentando decirte.
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