Bernice Dapaah creó Ghana Bamboo Bikes Initiative, una empresa que transforma bambú local en bicicletas, genera empleos y ayuda a estudiantes de comunidades rurales.
Una bicicleta puede ser mucho más que una forma de moverse. Para Bernice Dapaah, también puede convertirse en empleo, educación y una herramienta para cuidar el planeta.
La emprendedora ghanesa es fundadora y CEO de Ghana Bamboo Bikes Initiative, una empresa social que fabrica bicicletas utilizando bambú cultivado localmente en lugar de depender de cuadros convencionales de metal. Su proyecto combina movilidad sostenible con oportunidades laborales para jóvenes y apoyo a comunidades rurales.
Y la idea tiene una historia muy personal detrás.
De caminar kilómetros a crear bicicletas
Cuando era niña, Dapaah tenía que recorrer largas distancias para llegar a la escuela. Todo cambió cuando su abuelo le regaló una bicicleta: podía llegar más rápido, conservar energía para estudiar y disponer de más tiempo para ayudar en casa.
Años después, esa experiencia terminó inspirando una solución para otras comunidades de Ghana. En 2009 cofundó Ghana Bamboo Bikes Initiative con una idea aparentemente sencilla: aprovechar un recurso abundante en su país para fabricar bicicletas y, al mismo tiempo, generar empleos.
El primer prototipo tardó alrededor de un año y no todo salió bien desde el comienzo. Dapaah incluso ha contado que uno de sus primeros intentos, ensamblado utilizando una pasta de yuca en las uniones, terminó desarmándose. Con apoyo de ingenieros, el diseño evolucionó hasta convertirse en bicicletas de carretera y montaña funcionales.
¿Por qué hacer una bicicleta de bambú?
El bambú tiene varias características que lo hacen atractivo para fabricar cuadros: es ligero, resistente, flexible y puede absorber parte de las vibraciones producidas por terrenos irregulares.
Pero hay otra ventaja. Fabricar estos cuadros requiere menos electricidad que producir bicicletas tradicionales de metal y evita algunos químicos peligrosos asociados a esos procesos, de acuerdo con información de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC).
Además, buena parte del material puede obtenerse localmente.
La iniciativa también reutiliza componentes procedentes de bicicletas de acero de segunda mano, como ruedas, cambios, frenos y manubrios.
Por cada bambú que utilizan, plantan 10
Uno de los datos más llamativos del proyecto es real: por cada planta de bambú que cosechan para fabricar bicicletas, plantan 10 nuevas.
No se trata solamente de garantizar materia prima. El cultivo de bambú puede contribuir a recuperar terrenos degradados y su sistema de raíces ayuda a disminuir la erosión del suelo, un problema relevante para agricultores de Ghana.
La propia organización mantiene proyectos para ampliar sus plantaciones y utilizarlas tanto como fuente de materia prima como para restaurar paisajes degradados.
Un trabajo que también abre oportunidades para las mujeres
El proyecto no se quedó en fabricar bicicletas. Desde sus primeros años, Ghana Bamboo Bikes apostó por capacitar a jóvenes, especialmente mujeres, para aprender a construir y ensamblar los cuadros. La UNFCCC documentó inicialmente 30 empleos directos —20 ensambladores y 10 agricultores— y la transferencia de la técnica a otras comunidades, donde 25 mujeres rurales se incorporaron a la cadena de suministro.
Las cifras han cambiado conforme el proyecto ha crecido. La Royal Academy of Engineering reportó posteriormente que Dapaah había capacitado a más de 60 mujeres y hombres jóvenes y empleaba a 25 personas de tiempo completo.
Es decir, detrás de cada bicicleta no solo existe una alternativa de movilidad: también hay capacitación técnica y una fuente de ingresos.
Bicicletas para que la distancia no aleje a los niños de la escuela
Quizá el componente más poderoso del proyecto está fuera del taller. Ghana Bamboo Bikes distribuye gratuitamente bicicletas en comunidades remotas para ayudar a estudiantes que tienen dificultades de movilidad para llegar a la escuela. La propia organización mantiene actualmente este programa en colaboración con distribuidores internacionales.
El Foro Económico Mundial documentó además un modelo mediante el cual, por cada bicicleta vendida, otra era destinada a un estudiante, ayudándole a reducir el tiempo necesario para llegar a clases.
Dapaah conoce bien ese problema porque lo vivió.
Una bicicleta con impacto mucho más grande que sus ruedas
La historia de Bernice Dapaah demuestra cómo una empresa puede intentar resolver varios problemas al mismo tiempo.
El bambú local se convierte en bicicletas. Las bicicletas generan empleos. Los empleos permiten adquirir nuevas habilidades. La reforestación acompaña la producción. Y parte de esas bicicletas termina ayudando a estudiantes de comunidades alejadas.
El proyecto incluso recibió reconocimiento internacional: en 2013 fue seleccionado por la ONU dentro de Momentum for Change, iniciativa que distinguía soluciones frente al cambio climático con beneficios sociales.
Lo que comenzó con una mujer recordando los kilómetros que recorría para llegar a la escuela terminó convirtiéndose en una empresa social que literalmente pone sobre ruedas una idea de economía circular: producir, generar empleo y devolver algo a la comunidad y al entorno.
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