Argentina trasladó a su última elefanta a un santuario en Brasil, mientras Ely permanece en un zoológico de México. Conoce las diferencias.
Dos elefantas africanas, dos países y dos decisiones completamente distintas. Mientras Argentina cerró una etapa de 136 años de elefantes en cautiverio, México mantiene a Ely en el Zoológico de San Juan de Aragón, pese a las campañas que desde hace años exigen su traslado a un santuario.
La historia tiene nombres propios: Kenya y Ely. Ambas pasaron décadas encerradas, pero sus destinos tomaron caminos diferentes.
En julio de 2025, Argentina trasladó a Kenya, su última elefanta en cautiverio, a un santuario en Brasil. Ese mismo mes, en México, la Suprema Corte rechazó un amparo que buscaba el traslado de Ely.
El contraste reabrió una pregunta incómoda: ¿es suficiente ofrecer cuidados veterinarios y un recinto más grande para garantizar el bienestar de un elefante?
Kenya: la elefanta que puso fin a 136 años de cautiverio en Argentina
Kenya tenía aproximadamente 44 años y había pasado cuatro décadas en el antiguo zoológico de Mendoza, convertido posteriormente en ecoparque.
En julio de 2025 emprendió un viaje de 3,600 kilómetros hasta el Santuario de Elefantes de Brasil, en Mato Grosso, después de un proceso de preparación que comenzó años antes.
El santuario cuenta con amplias extensiones de vegetación y espacios donde los elefantes pueden caminar, explorar y desarrollar comportamientos propios de su especie, siempre bajo supervisión especializada.
Su traslado representó un acontecimiento histórico: Argentina dejó de mantener elefantes en cautiverio en sus zoológicos.
Sin embargo, la historia tuvo un desenlace doloroso. Kenya murió el 16 de diciembre de 2025, cinco meses después de su llegada al santuario, tras presentar complicaciones de salud.
Su muerte no borra el significado de la decisión argentina, pero recuerda que trasladar a un animal que ha vivido décadas en cautiverio no garantiza recuperar su salud ni prolongar su vida.
Ely: la elefanta que México decidió mantener en un zoológico
En el Zoológico de San Juan de Aragón, en Ciudad de México, vive Ely, una elefanta africana que pasó alrededor de 25 años en un circo antes de llegar al recinto en 2012.
Su historia ha generado preocupación entre organizaciones defensoras de los animales, que han solicitado su traslado a un santuario especializado.
Las denuncias incluyen antecedentes de problemas articulares, lesiones y condiciones asociadas con su vida anterior en cautiverio.
En julio de 2025, la Suprema Corte de Justicia de la Nación rechazó el amparo mediante el cual se buscaba su traslado a Brasil.
La decisión significó que Ely permaneciera bajo el cuidado de las autoridades capitalinas.
Para los activistas, el fallo representó una oportunidad perdida de evaluar una alternativa de vida fuera del zoológico.
¿Por qué las autoridades mexicanas defienden que Ely permanezca ahí?
La Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México sostiene que Ely recibe atención veterinaria especializada, alimentación supervisada y actividades de enriquecimiento ambiental.
En 2023, las autoridades ampliaron su recinto y promovieron la llegada de Gipsy, otra elefanta africana, para ofrecerle compañía.
En 2024 se incorporó Annie, también procedente de una historia de cautiverio.
Según la dependencia, el espacio exterior supera los 6,900 metros cuadrados y permite que las elefantas convivan, exploren y realicen actividades adaptadas a sus necesidades.
Las autoridades consideran que estas medidas favorecen su bienestar, especialmente porque Ely tiene antecedentes de problemas de salud que requieren seguimiento permanente.
Pero las organizaciones que piden su traslado sostienen que mejorar las condiciones del encierro no equivale a ofrecer las posibilidades de un santuario.
¿Qué dice la ciencia sobre los elefantes en cautiverio?
Los elefantes son animales extraordinariamente sociales. En libertad mantienen relaciones complejas, reconocen individuos, se comunican mediante sonidos de baja frecuencia y recorren grandes distancias.
Sus necesidades van mucho más allá de recibir alimento y atención médica.
La investigación sobre bienestar animal ha documentado que algunos elefantes en cautiverio desarrollan comportamientos repetitivos o estereotipados, como balancearse continuamente, que pueden estar relacionados con condiciones ambientales restrictivas o experiencias previas.
También se han estudiado problemas de movilidad y salud de las patas, particularmente relevantes en animales de gran tamaño.
Sin embargo, el bienestar de un elefante no puede determinarse únicamente por el tamaño de su recinto. También importan sus relaciones sociales, salud, oportunidades de elección, condiciones del suelo, enriquecimiento ambiental y atención veterinaria.
Los santuarios especializados buscan ampliar esas oportunidades, aunque no todos los traslados son adecuados para todos los animales. Cada caso requiere una evaluación individual de los riesgos médicos, el transporte y la adaptación.
Dos países y una pregunta: ¿qué significa realmente proteger a un elefante?
Argentina decidió retirar a sus últimos elefantes de los antiguos zoológicos y trasladarlos a un santuario. México, en cambio, ha optado por mantener a Ely bajo cuidado profesional, ampliar sus instalaciones y favorecer su convivencia con otras elefantas.
Son modelos distintos que reflejan diferentes maneras de entender la protección animal.
La discusión no debería reducirse a elegir entre quienes trabajan en zoológicos y quienes defienden los santuarios. La pregunta central es qué alternativa ofrece mejores condiciones de vida para cada animal, con evaluaciones independientes y evidencia científica.
En el caso de Ely, eso implica valorar de manera transparente su estado de salud, las condiciones actuales de su recinto y la viabilidad real de un traslado.
Kenya ya no está, pero su salida de Argentina dejó un precedente. Ely continúa en México y su futuro sigue siendo motivo de debate.
Porque después de décadas de cautiverio, el verdadero avance no consiste únicamente en hacer más grande un recinto, sino en preguntarnos cuánto más podemos hacer por el bienestar de quienes viven dentro de él.
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