Cinco ejercicios fáciles para entrenar la memoria y la atención, reducir olvidos cotidianos y crear hábitos que sí se te queden.
Olvidar dónde dejaste algo suele pasar porque ibas en automático: llegas, sueltas, sigues. En esos casos, el problema no es “mala memoria”, sino poca atención en el momento de guardar. La buena noticia es que puedes entrenar atención, memoria de trabajo y memoria prospectiva (recordar hacer algo a tiempo) con ejercicios simples. La evidencia reciente sugiere que prácticas como mindfulness pueden apoyar la memoria de trabajo, y que estrategias intencionales pueden mejorar la memoria en la vida diaria, especialmente cuando se entrenan y se aplican en distintos contextos.
1) Registrar el momento para que exista el recuerdo
Cada vez que dejes algo importante, haz una micro-pausa y di (o piensa) una frase concreta: “Estoy dejando las llaves en el plato de la entrada”. No digas “aquí” ni “por ahí”. Nombra el objeto y el lugar exacto. Este ejercicio entrena atención, y la atención es la puerta de la memoria: si no registras, no recuerdas.
2) Menos decisiones, menos extravíos
Elige un lugar para tres objetos clave (llaves, cartera, celular). Haz una regla simple: “Siempre van ahí, sin excepción”. La memoria falla más cuando cada día cambias el lugar. Convertirlo en rutina reduce la carga mental y baja los olvidos por distracción.
3) Escaneo de salida en 10 segundos
Antes de salir de casa, haz el mismo checklist rápido y en el mismo orden: llaves–celular–cartera (o lentes). Tócalos con la mano mientras lo dices. Esta verificación física refuerza el recuerdo reciente y evita el “lo traía… creo”.
4) Recordar sin mirar fortalece el músculo
Una vez al día, elige un objeto que guardaste y, antes de buscarlo, intenta recordar: ¿qué hice justo antes?, ¿qué hice justo después?, ¿qué vi en ese lugar? No te castigues si no sale; el ejercicio es el intento. Este tipo de recuperación activa entrena el acceso al recuerdo.

5) “Si pasa X, hago Y”
Crea intenciones tipo “si–entonces”, por ejemplo: “Si entro a casa, entonces pongo las llaves en el plato”. Estas “implementación de intenciones” se han estudiado como estrategia para mejorar la memoria prospectiva (recordar hacer algo en el momento correcto) y, en revisiones recientes, se asocian con mejoras cuando se entrenan y se aplican de forma flexible en la vida diaria.
Estrés y cansancio roban memoria
Si duermes mal o vives acelerado, es más probable que guardes cosas en automático y luego no recuerdes. Estudios recientes siguen encontrando una relación entre estrés y peor desempeño en memoria de trabajo (la que usas para sostener información “en mente” mientras haces cosas).
En resumen: si últimamente olvidas más de lo normal, no te vayas directo a “ya estoy fallando”. Primero revisa lo básico: descanso, estrés y rutina. Muchas veces, con más calma y dos o tres hábitos fijos, tu memoria vuelve a sentirse como antes.
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