Opinión: La fuerte realidad de los delfinarios en México

Opinión: La fuerte realidad de los delfinarios en México

Nuestra columnista Jessica González Castro nos cuenta la dura trayectoria de los delfines que se encuentran actualmente en delfinarios del país.

A simple vista, pareciera que los delfines sonríen y son felices. En México, la realidad es otra. Los delfines en cautiverio nacen y mueren en pequeños tanques que, en comparación a su hábitat natural, es del 1%. Para que lleguen a estos tanques en donde la industria mexicana les explota a diario, tuvieron que sobrevivir a las peores condiciones.

Hoy en día la “industria” mexicana de los delfinarios se ha constituido como una de las más grandes del mundo, y es de gran importancia en Latinoamérica y el Caribe. La industria capturó delfines por más de 30 años en aguas mexicanas. Se extrajeron tantos que no ha sido posible cuantificar y documentar. Esto ocurre porque no existen registros fidedignos que ayuden a elaborar la historia verdadera de las capturas.

Detrás de los delfinarios hay mucha violencia

Todos los métodos de captura son altamente violentos y producen un alto nivel de estrés; no solo en los animales capturados, sino también en todo el grupo. Existe uno que es el más violento y cruel, y es utilizado en Japón (también lo muestran en Seaspiracy, el documental de Netflix). Cada año, a partir de octubre y por periodos de hasta seis meses, se realiza la “pesca” de delfines llamada drive fisheries. Durante este periodo, manadas completas de delfines, falsas orcas, ballenas piloto, y otros pequeños cetáceos son acorralados con varios botes y conducidos con ruidos intensos hacia pequeñas caletas donde los animales quedan atrapados hasta por tres días.

Después, los pescadores entran al mar y uno a uno los cetáceos que no son “bonitos” son degollados con cuchillos o arpones largos hasta desangrarse. Los delfines que son “atractivos” y “bonitos” se envían a los delfinarios y acuarios del mundo.

A México, han llegado dos embarques de delfines capturados de esta forma en Japón. Uno en el año 2000, con cuatro delfines. En agosto del 2005, llegaron otros siete animales a Puerto Vallarta. Luego fueron trasladados a Los Cabos.

Animales salvajes en cautiverio: ¿realmente vale la pena?

Mi amor por la vida marina me impulsó a querer contar la realidad de los delfinarios; especialmente, porque, en el lugar donde vivo hay 19. En ellos, cientos de delfines han muerto privados de su libertad y de sus derechos más básicos. Madres separadas de sus crías para poder seguir haciendo piruetas y cargando personas.

Los delfines nariz de botella, los más utilizados en el cautiverio en México, son animales que pertenecen a grupos sociales muy complejos. En vida libre, pueden viajar varios kilómetros en un solo día, alcanzar una gran velocidad en su nado, sumergirse a profundidades, saltar sobre la superficie. Viven en grupos sociales altamente organizados. Su conducta se considera muy compleja y cazan su propia comida.

Se nos olvida también que son animales salvajes y, que al meternos a pequeñas albercas con estos animales, corremos el riesgo de contagiarnos de enfermedades, ser mordidas o golpeadas.

Es necesario reflexionar sobre nuestro papel en este mundo, y la relación de respeto y justicia que debemos establecer con las demás criaturas que habitan en él, incluidos los delfines en cautiverio.

¿Cómo puedes ayudar a los delfines en cautiverio?

  • No compres un boleto para asistir a delfinarios o nadar con ellos en cautiverio
  • Comparte esta información con familia y amistades
  • Únete a organizaciones como persona voluntaria
  • Asiste a demostraciones pacíficas
  • Firma peticiones en línea para terminar con los delfinarios

Sobre la autora

Jessica González Castro, autora de esta columna, es gerente de campaña en Million Dollar Vegan en México. Estudió la licenciatura en Administración de Empresas de Hospitalidad en la Universidad del Valle de México. Es fundadora del primer centro comunitario vegano en México, Casa Animal.  Fundadora de Cocinar para Liberar, un proyecto que se encarga de que más negocios y hoteles tengan opciones a base de plantas en sus menús. Feminista Interseccional.