Un estudio en niños y adolescentes halló patrones similares de microbiota en TEA, TDAH y anorexia, además de cambios en hormonas de apetito. Te explicamos qué significa y cómo cuidar tu intestino sin caer en mitos.
Tu intestino no solo digiere comida: también “conversa” con tu cerebro a través de la llamada conexión intestino-cerebro. En los últimos años, la ciencia ha observado que cuando la microbiota (las bacterias y levaduras que viven en el intestino) se desequilibra, podrían aparecer cambios en inflamación, metabolismo y señales químicas que influyen en el bienestar.
Un estudio reciente puso el foco en tres condiciones distintas: autismo, TDAH y anorexia nerviosa, y encontró patrones de microbiota que se parecen más entre sí que al de un grupo control sano.
Qué encontró el estudio
El estudio analizó muestras de 117 niños y adolescentes con autismo, TDAH y anorexia nerviosa, y las comparó con un grupo sano. Encontró que, en los tres grupos, la microbiota mostraba un “balance” distinto: había una relación más alta entre ciertos tipos de bacterias y, en general, aparecían menos bacterias consideradas benéficas.
Además, en autismo y TDAH vieron que en el intestino había menos variedad de bacterias. También revisaron hormonas que ayudan a regular el hambre: en TDAH encontraron más baja una hormona que ayuda a sentirte satisfecho, y en anorexia vieron más bajos varios “mensajes del cuerpo” relacionados con hambre y saciedad en comparación con el grupo sin diagnóstico.
Por último, algo importante es que no encontraron diferencias claras en indicadores de inflamación intestinal o “permeabilidad” en ese grupo.
Lo que esto NO significa
Este tipo de estudio no prueba causa y efecto. Es decir, no demuestra que “la microbiota cause” autismo, TDAH o anorexia. Puede ser al revés, o puede existir un círculo: cambios en alimentación, estrés, sueño, medicación o conductas alimentarias pueden modificar la microbiota, y esos cambios a su vez podrían influir en señales del cuerpo. Los propios autores y notas sobre el estudio subrayan que el tamaño de muestra es limitado y que se necesitan grupos más grandes para confirmar.
Lo más útil para la vida diaria
Si algo deja esta investigación es un mensaje práctico: cuidar el intestino es una buena idea, sin prometer milagros. Cosas simples que ayudan a una microbiota más diversa:
- Come más variedad de alimentos reales (especialmente fibra: frutas, verduras, leguminosas, avena).
- Suma fermentados si te caen bien (yogur/kéfir, chucrut), sin forzarte.
- Cuida el sueño y el estrés: el intestino también lo resiente.
- Evita automedicarte con probióticos “al azar” si tienes síntomas o un diagnóstico: mejor guíate con personal de salud.
Abre puertas a apoyos integrales
La ciencia está armando el rompecabezas: este estudio sugiere que TEA, TDAH y anorexia nerviosa pueden compartir ciertos patrones de desequilibrio en la microbiota y cambios en hormonas de apetito/saciedad. Aun así, la lectura correcta no es “la microbiota es la culpable”, sino “la microbiota podría ser una pieza más”.
Lo positivo es que esta línea de investigación abre puertas a apoyos más integrales: alimentación más amable, seguimiento médico, salud mental y hábitos que cuidan al cuerpo completo. Y eso, en cualquier diagnóstico, ya es una ganancia.
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