Estudio: los pequeños placeres pueden evitar la depresión en la pandemia

Estudio: los pequeños placeres pueden evitar la depresión en la pandemia

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Desde hoy dile sí a ese helado doble de chocolate o a comprarte un par de revistas para pasar el tiempo.

Antes de la llegada del coronavirus, muchos de nosotros encontrábamos la felicidad en un viaje, en el sonido de las olas del mar o en los abrazos. Ahora, al no poder salir de casa o ver a nuestra familia debido a la pandemia, la felicidad la encontramos en cosas más simples, e incluso superficiales, como comprarnos ropa en línea o comer un helado.

Pero ¿encontrar la felicidad de forma hedonista o mediante los pequeños placeres nos causa solamente un bienestar momentáneo? La respuesta es no, o al menos así sería durante la pandemia.

Un estudio realizado por la Universidad de Zúrich y la Universidad de Radboud, en los Países Bajos encontró que los pequeños placeres, por más superficiales que parezcan, pueden brindar felicidad a largo plazo durante la pandemia de la Covid-19. Eso sí, siempre y cuando sepamos cómo aprovecharlos.

¿De qué manera los pequeños placeres evitan la depresión?

Los científicos estudiaron la capacidad de las personas para concentrarse en las necesidades que deseaban satisfacer de forma inmediata y el placer que esto les producía; y se encontró que este disfrute y pensamiento sobre el placer podría generar una sensación de felicidad prolongada.

En otras palabras, se descubrió que esa necesidad que tenemos por ordenar una pizza para la cena, aunque tengas comida en el refrigerador, no solo te hace feliz desde el momento en que estás planeando ordenarla hasta que la comes. Más bien, la experiencia de satisfacción podría ser tan prolongada que, si te nublan la mente con pensamientos negativos o preocupaciones, aún te mantendrías feliz.

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La importancia de los pequeños placeres en la vida cotidiana

Durante esta crisis sanitaria es muy importante responder a nuestros deseos e impulsos para mantenernos en paz y felicidad.

Pero esto no quiere decir que todos los días cenemos helado o que gastemos todos los ahorros en ropa o muebles para el hogar. Tenemos que aprender a aprovechar la felicidad que nos aportan estos pequeños placeres, sin perder el control.

Por ejemplo, podemos programar que una vez a la semana ordenaremos la comida en nuestro restaurante favorito, o que todos los días, después de trabajar, iremos por un café al lugar que tanto nos gusta. En esta época tan dura en la que vivimos, el placer de los pequeños momentos e incluso de las cosas, pueden hacer la diferencia y mantenernos felices.