Cuchufleto, el «Hachiko» mexicano que te enternecerá con su historia

Cuchufleto, el «Hachiko» mexicano que te enternecerá con su historia

El perrito espera la llegada de su humano, Gonzalo Cruz Marín, quien falleció en la mina de Múzquiz, en Coahuila.

Se dice que los perros son el mejor amigo del hombre, esto debido a la lealtad que siempre han demostrado hacia los humanos.

Pero, además de ser seres nobles y fieles, los perros también han mostrado ser cariñosos e incluso echar de menos a las personas que los han hecho felices, como el caso de Cuchufleto o mejor conocido como el «Hachiko» mexicano.

Cuchufleto es un perro que aún espera la llegada de su dueño, el señor Gonzalo Cruz Marín, quien lamentablemente falleció debido a la inundación y colapso de la mina de Múzquiz en Coahuila.

Gonzalo Cruz Marín fue uno de los siete mineros que perdieron la vida el pasado 6 de junio tras el colapso de la mina, pero quien aún no acepta su pérdida y sigue en espera de su regreso, es su gran amigo Cuchufleto.

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El Hachiko mexicano

Según la viuda de Gonzalo Cruz, Sandra Idalia Briseño, Cuchufleto siempre estaba al lado de Gonzalo, incluso lo acompañaba al trabajo, donde bajaba a la mina sin problema.

El perrito, también conocido como Cuchu, acompañaba a Gonzalo en sus dos turnos laborales.

Sandra Idalia contó que el animalito acompañaba a su esposo por la mañana, a la hora de ir al trabajo y, posteriormente, regresaban a casa para comer y beber agua.

Después, el señor Cruz Marín regresaba a trabajar y cuando ya era hora de descansar, o se hacía muy tarde, Cuchufleto salía en busca de su humano para traerlo a casa.

La conexión entre los dos era tan fuerte que Cuchu no paró de buscar a su dueño después del colapso de la mina.

“El día del accidente ahí estaba mi perro con mi esposo y olfateaba, luego rascaba y rascaba en la bocamina, movía la cola, aferrado porque sabía que ahí estaba mi esposo”, contó Sandra Idalia Briseño.

La esposa de Gonzalo también narró que, durante el rescate de los cuerpos, le llamó a Cucho para darle algo de comer; sin embargo, él nunca se despegó de la mina y no deseaba tomar algún alimento.

Incluso, dice que Cuchu perdió la alegría que lo caracterizaba y llora constantemente.

“A veces lo he visto triste, a veces está muy aparte. No quiere comer. De repente yo lo oí llorar. Siente la ausencia de mi esposo”.

Estos actos de amor y fidelidad hacia su dueño, han hecho que Cuchufleto sea llamado el Hashiko mexicano.

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